Muchas personas eligen estudios o trabajo pensando principalmente en lo que les gusta.
Pero existe otro factor igual de importante que a menudo pasa desapercibido: los valores ocupacionales.
Los valores ocupacionales son los principios que determinan cómo quieres vivir tu día a día académico y profesional. Definen las condiciones que necesitas para sentirte bien, el tipo de entorno que te motiva y lo que da sentido a lo que haces.
Conocerlos es una de las claves más importantes tanto en procesos de orientación académica como profesional. De hecho, muchas personas que experimentan insatisfacción laboral no se encuentran en una profesión equivocada, sino en un contexto que no encaja con sus valores.
A menudo nos encontramos con personas que han elegido unos estudios que les apasionan, que le han puesto esfuerzo y dedicación y que, una vez llegan al mundo laboral, sienten que algo no encaja. Y entonces aparece la pregunta:
¿Por qué me está pasando esto si he hecho lo que me gustaba?
Y no, no es ingratitud ni capricho.
Es que, muchas veces, lo que te gusta hacer es diferente a lo que realmente valoras en tu día a día. Una cosa es dedicarte a un campo que te apasiona; otra es hacerlo en un contexto que conecte con tus principios y necesidades.
Ambos elementos son necesarios. Cuando uno de ellos falta, aparece esa sensación de vacío difícil de describir.
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¿Qué son los valores ocupacionales?
Los valores ocupacionales no son las habilidades que tienes ni las tareas que sabes realizar bien.
Son los principios que definen cómo quieres vivir tu día a día en los estudios o en el trabajo: en qué tipo de entorno te encuentras bien, cómo quieres relacionarte con los demás y qué sentido quieres dar a lo que haces.
Algunos ejemplos de valores ocupacionales son:
Autonomía: necesito poder tomar decisiones sin depender constantemente de otras personas.
Creatividad: necesito espacios en los que pueda crear, proponer e innovar.
Estabilidad: valoro la seguridad y la previsibilidad por encima de la incertidumbre constante.
Reconocimiento: me importa que mi esfuerzo sea visto, valorado y reconocido.
Aprendizaje continuo: quiero un entorno que me rete y me haga crecer constantemente.
Ningún valor es mejor ni peor que otro.
Lo importante es saber cuáles rigen tu día a día y tenerlos presentes cuando tomas decisiones importantes.
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¿Por qué la mayoría de personas no los conocen?
Porque casi nadie nos enseña a identificarlos.
En el instituto aprendemos matemáticas, lengua o ciencias, pero raramente nos hacen preguntas como estas:
¿Cuándo te sientes bien haciendo algo?
¿Qué tipo de entorno te hace sentir vivo o vivo?
¿Qué es innegociable para ti?
Cuando llega el momento de tomar decisiones importantes —escoger un bachillerato, un ciclo formativo, un grado universitario o un trabajo— solemos mirar hacia fuera: las salidas laborales, las opiniones de familiares, las notas de corte o las tendencias del mercado.
Y olvidemos las preguntas que a menudo dan las respuestas más importantes:
¿Qué me apasiona?
¿Qué características tiene mi trabajo ideal?
¿Qué condiciones necesito para sentirme bien?
Por eso muchas personas terminan en lugares que, objetivamente, "no están mal", pero que subjetivamente no las representan. A menudo, esta insatisfacción responde a unos valores ocupacionales que no están cubiertos.
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El coste de no conocerlos
Una persona que estudia o trabaja en contradicción con sus valores lo acaba notando.
En ocasiones se manifiesta como una falta de motivación persistente. Otras veces aparece en forma de cansancio, dificultad para encontrar sentido a lo que haces o esa sensación constante de que algo no acaba de cuadrar.
Y lo más importante: esto puede ocurrir incluso cuando te dedicas a un campo que te gusta.
Porque el campo profesional es sólo una pieza del rompecabezas.
Si el entorno, las responsabilidades, las relaciones, el ritmo de trabajo o el propósito no conectan con tus valores, la insatisfacción acaba apareciendo igualmente.
Dicho de otra forma:
No es suficiente con acertar el qué; también hay que acertar el cómo.
Conocer tus valores no garantiza que nunca te equivoques. Pero sí te da un filtro propio para distinguir entre una opción que encaja contigo y una que no.
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Cómo identificarlos
No hay una fórmula mágica, pero sí algunas preguntas que pueden ayudarte mucho.
Mira atrás
Cuando has estado realmente bien en una actividad, asignatura o trabajo, ¿qué elemento estaba presente? ¿Libertad, trabajo en equipo, impacto social, reconocimiento, creatividad…?
Cuando has querido abandonar o te has sentido en el lugar equivocado, ¿qué echabas de menos?
Mira adelante
Si pudieras diseñar tu día a día ideal sin restricción alguna, ¿qué tres características no podrían faltar?
¿Qué elemento sería absolutamente innegociable?
¿Cuál sería tu primera “red flag”?
Escúchate
¿Qué entornos, tareas o situaciones generan energía?
¿Cuáles te agotan antes incluso de empezar?
Las emociones y las reacciones físicas a menudo nos ofrecen pistas muy valiosas que no deberíamos ignorar.
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Un ejemplo real que lo ilustra
En un reciente acompañamiento, M. nos explicaba que llevaba quince años trabajando en una empresa donde lo trataban bien, tenía estabilidad y gozaba de un buen sueldo.
Sin embargo, cada domingo por la noche aparecía esa sensación desagradable que no sabía contar.
Cuando exploramos sus valores ocupacionales, quedó claro que la autonomía, el impacto social y la capacidad de participar en decisiones eran aspectos fundamentales para él.
La estabilidad económica era importante pero no suficiente.
Trabajaba en un sector que le gustaba y podía ganarse bien la vida.
Pero las condiciones en las que ejercía aquella profesión no conectaban con lo que realmente necesitaba para sentirse realizado.
Esa conversación no cambió su trabajo de un día para otro.
Pero le dio algo muy valioso: un criterio propio para entender qué le pasaba y qué debía tener en cuenta si algún día decidía realizar un cambio profesional.
Identificar sus valores fue un gran alivio; porque, a veces, poner nombre a lo que valoras es el primer paso para dejar de sentirte perdido o perdida.
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Y tú, ¿sabes cuáles son tus valores ocupacionales?
Si ahora mismo te has quedado en blanco, no te preocupes.
Es exactamente el punto de partida de muchas de las personas que nos contactan.
La buena noticia es que se pueden identificar, ordenar y convertir en una herramienta muy útil para tomar decisiones con mayor seguridad y coherencia.
Para nosotros los valores ocupacionales son una de las tres piezas fundamentales de la plenitud académica y profesional. Por eso los integramos dentro de un modelo que combina un triple anclaje, lo que nos permite alcanzar un nivel de profundidad que facilita tomar decisiones más coherentes y sostenibles en el tiempo, tanto si se trata de una elección académica, una reorientación profesional o simplemente entender mejor el momento vital que estás viviendo en los estudios o trabajo.
Si quieres descubrir cuáles son tus valores ocupacionales y cómo pueden ayudarte a orientar tu futuro, contacta con nosotros y te explicaremos cómo podemos ayudarte.
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Pau Juscafresa Rodeja - Fundador de Projecte Persona