Muchas familias cierran junio con una pregunta resuelta:
¿Qué hará mi hijo o hija el próximo curso?
Un bachillerato concreto, un ciclo medio o superior, o un grado universitario que afrontará seguramente con mucha ilusión.
Semanas, o quizás meses, de dudas, conversaciones y decisiones, acaban definiendo la dirección hacia dónde caminará el próximo curso.
Enhorabuena, parte del trabajo está hecho.
Y decimos parte, porque a menudo hay otra pregunta que suele quedar pendiente, y que en realidad es la que marcará más cómo comienza esta nueva etapa, y es la siguiente:
Ahora que ya sabemos qué hará... ¿tiene las herramientas para afrontarlo?
Porque "el qué" se decide una vez; pero "el cómo" lo vivirá día tras día, durante todo el curso.
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"El qué", es una decisión. “El cómo”, un camino a transitar
Escoger estudios es importante, y es normal que le hayamos dedicado tanta energía como a familias.
Pero una vez tomada la decisión, comienza otra etapa que a menudo queda en la sombra: cómo tu hijo/a organizará el trabajo, cómo gestionará los momentos en que no le salga bien, cómo sostendrá la motivación que cada vez se vuelve más frágil, o cómo se tratará a sí mismo/a cuando cometa un error.
Ninguna de estas cosas es una asignatura. No existe examen de "gestión emocional" ni nota de "planificación". Pero son precisamente los factores que suelen decidir si un curso se vive con ganas o se sufre en silencio; a menudo los resultados académicos del primer trimestre realizan una primera diagnosis.
Seguidamente, definiremos aquellas asignaturas importantes que, aunque no se evalúen de forma directa, impactarán en cómo vive el curso que ha escogido.
1. Saber planificarse
No es tener un horario hermoso olvidado en la maleta o colgado en la pared.
Es saber traducir "tengo mucho trabajo" en "qué hago primero, cómo y cuándo".
Muchos chicos y chicas llegan a un ciclo, bachillerato o grado sin haber aprendido nunca a distribuir el tiempo: lo dejan todo por la última semana, no saben calcular cuánto tiempo les costará una tarea, o se colapsan cuando coinciden dos exámenes la misma semana; sumando el hecho de que a menudo, quedar con los amigos/as o ir a entrenar ocurre ante cualquier prioridad académica.
Este último hecho no se resuelve con más horas de estudio. Se resuelve aprendiendo a planificar.
2. Mantener la motivación
La primera semana del nuevo curso casi siempre van con muchas ganas; ya menudo, este globo motivacional se va deshinchando a medida que pasan los días.
Aquí, la pregunta de verdad es qué ocurre en la sexta semana, cuando la novedad ya ha desaparecido y aún quedan ocho meses por delante.
La motivación no es un estado fijo que se tiene o no. Es, en gran medida, una habilidad: saber conectar el trabajo del día a día con un sentido propio, saber segmentar los objetivos de curso en objetivos más pequeños, entre otros, para no depender sólo del entusiasmo inicial o de la presión externa.
Cuando tu hijo o hija "se desmotiva" en octubre, no suele ser pereza.
Suele ser que ha perdido de vista el porqué, o la "panorámica" de por qué hace lo que hace.
3. Gestionar bien lo que vive
Los nervios antes de un examen, la frustración después de una mala nota, la ansiedad cuando se acumula trabajo: todo esto forma parte del curso tanto como los mismos apuntes.
El problema no es sentir estas emociones –ya que son normales y tienen su función–.
El problema es no tener ninguna herramienta para, una vez que las ha vivido, transitarlas, haciendo que acaben condicionando cómo estudia, cómo duerme o cómo se relaciona en casa los meses que dura el curso.
4. Su autoestima y autoexigencia
Existe una diferencia importante entre querer hacerlo bien y necesitar hacerlo perfecto.
Muchos adolescentes –sobre todo los que siempre han sacado buenas notas– arrastran una autoexigencia tan alta que cualquier error se vive como un fracaso; en otras palabras, sacar un 9 lo viven como un 8.
Esto genera un desgaste constante, ya la larga puede acabar apagando las ganas de esforzarse, haciendo que se cuestione sus propios estándares.
Como padres, a menudo sin quererlo, reforzamos esta autoexigencia cuando celebramos sólo el resultado y no el esfuerzo, o cuando la primera pregunta después de un examen es "qué nota has sacado" en lugar de "cómo te ha ido"; y es importante no dejarnos arrastrar como familias por ese paradigma.
5. Aprender a estudiar bien
Verlo/a muchas horas ante los apuntes no significa que estudie bien.
Y esta asignatura es, quizás, la que menos se enseña de todas.
Cómo hacer un resumen que sirva de verdad, cómo repasar de forma activa en lugar de releer, cómo identificar si realmente se ha aprendido algo o sólo se ha visto por encima, entre otros...
Si sólo tenemos en cuenta el qué, sin el cómo, el resultado suele ser el mismo cada curso: muchas horas invertidas y un rendimiento que no le corresponde.
No es una cuestión de fuerza de voluntad ni de horas frente a los libros.
Es una cuestión de método, y el método se aprende.
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Un ejemplo real que lo ilustra
Este último curso acompañamos a la familia de L., una alumna de segundo de bachillerato.
"El qué" ya estaba claro desde hacía tiempo: L. tenía muy claro que quería hacer bachillerato científico.
El problema no estaba, en el “qué”; estaba en “el cómo”: L. no sabía planificarse, lo dejaba todo por la última semana, se desmotivaba en la primera asignatura que le costaba y se asustaba ante cualquier examen importante.
Llegó un punto que se planteó el hecho de dejarlo correr, donde su conclusión y la de la familia estaba clara; le encantaba su bachillerato, pero no tenía las herramientas para afrontarlo correctamente.
De querer dejarlo correr, a entrar en el grado que tanto deseaba.
En otras palabras, "el cómo", marcó la diferencia.
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Y en casa, ¿habláis ya del cómo?
Si este septiembre “el qué” ya está resuelto, es un buen momento para hablar del “cómo”: cómo organizará el curso, qué le motivará cuando todo cueste un poco más, cómo gestionará los nervios, cómo se tratará cuando las cosas no salgan como esperaba, o si realmente sabe cómo estudiar.
Las vacaciones pueden ser un buen momento para hacerlo. El ritmo es más pausado, hay menos prisas y más espacios para hablar con calma, antes de que empiece el curso.
Hacerse estas preguntas antes de empezar y preparar bien cómo afrontará el nuevo curso puede marcar la diferencia. No se trata de esperar a que aparezcan las dificultades para actuar, sino de empezar con herramientas y estrategias que le ayuden a afrontar los retos cuando lleguen.
Por eso, hemos abierto nuevas plazas de nuestro programa de acompañamiento académico; programa donde acompañamos a tu hijo/a a transitar cualquiera de los últimos conceptos que hemos hablado.
Te lo explicamos al siguiente Reel: [Mira el Reel aquí].
Si queréis aprovechar este inicio de curso para hacerlo de otra forma, rellenad el Formulario de contacto y os explicamos cómo podemos acompañarle.
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¡Gracias por estar ahí, y hasta la próxima!
Pau Juscafresa Rodeja - Fundador de Projecte Persona